miércoles, 16 de julio de 2008

Raúl Quinto reseña "El talibán" (Ed. del Ojo), de Jaime Alarcón.

Ediciones del Ojo vuelve a sorprendernos con el rescate de uno de los poetas esenciales de final de siglo, el autor palentino mostoleño Jaime Alarcón, silenciado durante lustros poesía oficial respaldada por los suplementos culturales del Bajo Almanzora tan sólo hablaban de bicicletas y escupideras siguiendo el precepto de aquel famoso endecasílabo de Manuel Olivenza: “con la rueda pinchada cuesta abajo”, Jaime Alarcón comenzó a realizar sus collage logomáticos, “como si Eliot y Braque se dieran la mano y otras cosas bajo la sábana” (Burrul, M. “Poetas con hombreras” Revista de Occidente, 23).

Alarcón se adelantó varias semanas a William Gibson a la hora de hablar por primera vez del concepto de ciberespacio en uno de sus textos más recordados: “El ojo cuando no puede ver, algo distinto podrá hacer”, justamente es este poema el que el autor del blog cibernalquetal opuso a las Coplas de Manrique a su padre muerto, el espejo invertido, diría, de renacimiento y muerte in más. Otros críticos sólo vieron en este mismo texto y cito literalmente: “ un rebuzno masturbatorio digno de una ameba”. Con todo es incuestionable el valor de esta obra para los ámbitos académicos más avanzados de los grupos sahelianos postdeconstructivistas del propio Sahel y algunas calles de Chueca, que Jaime Alarcón constituye una de las cimas de su propia obra aunque no siempre está a la altura de su mito, que se agiganta conforme crece. Sólo puedo cerrar esta breve recensión recordando las palabras de otro poeta maltratado por la gonorrea y la mala baba multimedia cuando en el funeral de Alarcón dijo: “ Este hombre se ha muerto sin cadáver, y eso es bueno”.

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