jueves, 17 de julio de 2008

Miguel Ángel Gara - No está.

Aunque no lo veas está ahí
en la espalda incorrecta de lo dicho, está ahí,
en el mínimo buque, en la moneda,
está ahí, en el norte caído, está
ahí mismo detrás de ti ahora, ansías
conocerlo pero no es, está, respira ahí, respira,
no lo ves pero está, cubriendo con su aliento
de nieve tu mentira de nieve, está ahí,
su ficticia palabra
su verdad inaudita, espejo
de mentira y ahí


no está.

miércoles, 16 de julio de 2008

Premios Andalucía Joven - La perla.






Tesoros submarinos del Cabo:
los investigadores distinguen entre la tierra y el cielo,
saben de geografía, y de historia, y de lo que queremos.
Tentar oscuro tu rodilla clara
aumentando el lagar frente a las aguas.
Alguien ha cerrado la puerta de la cocina.
Estábamos hablando.
En ese instante vimos la navaja
y los cristales rotos, granizaba
sobre Ciudad del Cabo.
El agua de la sierra, el hielo bajo el mar,
como afectado por el embarazo,
enjalbegado y solitario, roto
de tanta blancura;
demasiado tarde para la queja.
Si me cuesta trabajo ser humano
pulso el interruptor,
apago mi cabeza, cierro y callo.

Juan José Ceba - Tierra que arroja venablos de la luz

La luz es música.
Dentro de mí la obtengo
como una miel que extiende
su paz sobre el deseo.

Fluye desde mi centro
en corriente de ángeles.

Un volcán de palomas incendiarias
del pozo de la noche asciende
llevándonos al aire
para hacernos presencia,
revelación, total deslumbramiento.

Hallazgo de mi alma expandida
en encuentro de amor, en coito con las formas.

Arena de oro, nube de transparencia
para impregnar el mundo.

Luz que nace y que vuela.

La hallo dentro de mí
y cae sobre los senos
cambiantes de la tierra,
curvas de rosa intacta,
mujer desnuda, de cristal, purísima,
que la acoge entregada, a su voraz dominio.

Quedó mi alma clavada de venablos,
erguida en luz, gozosa, alimentada,
bien herida su desnudez, sus ansias
elevadas y abriendo
en la mañana cálida del mundo
una fruta que guarda los latidos
y envía, feliz, una tormenta de oro.

                     *

En la luz me disuelvo, me deshago en la luz;
mi pupila la bebe; se embriaga, se extasía
cuando recibe su invasión, su orgasmo
de claridad que afirma, que rapta y aproxima
la tierna desnudez del cuerpo puro.

Cuando sin túnicas, vibrante, existe en el abismo
poderosa materia de sol vivo,
criatura elemental ardida bajo el cielo.
A ella tiendo, imantado por su esencia,
por la intensa belleza que descubre y ahonda.

Me moriré en su llama poderosa,
en su lengua de plumas inflamadas,
en el descubrimiento de su blanca fiereza.

¿Qué soy, sino esa luz, energía que camina
hacia el monte no hollado,
hacia el lecho secreto del impulso primero?
¿Qué soy sino torrente de esa luz,
catarata de escamas y de flechas
que despierta y aviva y hace cantar
al mundo?

A la luz me incorporo. Y salgo de mí mismo.
Y me veo repartido en la música virgen
que define y sostiene.

Y la boca se bebe su tibieza
y el ritmo de la tierra
y la dulce ternura de sus mínimas cosas
y comienzo a cantar, gozoso, pues existo
y me incendio
en una nueva aurora.



(Poema incluido en los libros “Dunas” y “Claridad”).

martes, 15 de julio de 2008

Miguel Naveros - Kensal Rise






Estuvo aquí bien cerca de hacerse proletaria mi gran ausente,
proletaria de ladrillos oscuros porque la humedad hizo negros, del rojo, los rincones.
Aquí descontó cifras y aprendió algo importante, además de a restar:
que la piel escaldada es combustible para fabricar en serie los billetes,
mucho más que ese petróleo del que tanto hablamos.
Aquí vio que unos ojos son algo más que las miradas insinuantes del deseo,
que pueden arañar cuando buscan las migajas que alguien deja
en una cocina, un almacén o una trastienda,
o hasta en las calles mientras calientan las esquinas más antiguas del mundo.
Aquí vio cómo juegan a sangre los visados,
cómo el de una jerga empuja a los de otras
para sacarlos fuera y hacerle un hueco a alguien
con quien cambiar chistes a gusto, en la certeza de ser oído.
Todo vale para cumplir el gran sueño original,
el sueño decreciente que lleva hasta la pura subsistencia,
todo vale en esa quimera adelgazada de un pan mal tostado
con algo que lo alegre en su color aunque sepa siempre a lo mismo.
Vive así la ciudad, a empellones y codazos,
a zancadillas por lustrar hasta el brillo un pasamanos,
por darle al transeúnte mil panfletos,
por todo cuanto reporte seis peniques.

Estuvo aquí bien cerca de ser subproletaria mi gran ausente,
subproletaria, sí, porque subproletario es este proletariado venido del submundo,
el que anda por debajo en nuestros mapas y en lo que no son los mapas,
como si hubiesen pintado la tierra en escalera
que aclara piel y vida a medida que se va subiendo.
Todo es espejismo en este desierto de indecencia,
en este ovillo de nada que creemos Babel pero no mezcla lenguas,
que apenas entrecruza sus colores por las calles
para parecer algo distinto a lo que es,
el viejo cuento de siempre que todos nos sabemos pero nadie se atreve ya a contar.

Por cierto, atardece claro aquí, mi niña ausente,
en esta cuesta tranquila que sube a Willesden
y más allá hacia Wembley el de Charlton y Best.
Tarda en caer la noche y anda todo casi igual
en este cruce de ladrillos renegridos de humedad:
sólo el Charity, ahora un Todo a pound,
un colmaonet, que ya es el colmo,
y una mews redonda y nuevecita bajo la ventana vacía
me cuentan algo nuevo.
Hasta el viejo laborista que, por irlandés, amaba a Erice
sigue en su sitio al borde de los dardos, menos mal,
ante su pinta eterna y con la barba más larga, tañida de Tolstoi.

Magdalena Peralta - Aire del Sur






Viento y aire moro
cruzan por tu balcón,
Casablanca al sur.
Unos ojos de mujer brillan
tras un turbante ensombrecedor,
miedo y hambre traen del Sur.
Espacios que se cruzan
cuando un grito alarmante
de arenas desiertas y movedizas
empujan las amplias corrientes,
que a la orilla vienen a desembocar.
Cruzan un estrecho de vientos paralelos y
a tu balcón vientos del sur vienen a zarpar
para quitar ese turbante
a la mujer que quiera despertar.

Taimar Alves Arregui - Vals acelerado






hundida en la espalda
aferrada a lo inmediato
tu huella
se dibuja en la piel
dejando un surco rojizo

la ausencia de geometría
y el magnetismo

componen la belleza

en forma de vals acelerado
estruendoso
que hace
de ti
     éxtasis
de mí
     rey del universo

Pilar Quirosa-Cheyrouze - Soledad





Ya es de noche, amor.
Invoco lentamente el frío y el mar
que habitan tu espacio,
aliados de brumas junto al silencio.

Ya nos huyen el tiempo y su cortejo,
ya nos huyen, sí,
desde el canto que nos ahoga,
el que secuestra mi voz
cuando pienso en los niños de Beslán
y no puedo compartir contigo
mi infinita tristeza.

El destino, amor, tus manos,
los segundos restados a las horas,
la lejanía, el muro y la soledad,
y ese recuerdo persistente
de tu último y fugaz abrazo.

En la soledad de la noche,
mientras que la televisión desborda
imágenes de dolor e inútiles plegarias.

Raúl Quinto - En la sangre

Alguien dice la nada, ensordece.

Del mismo modo en que Malevitch pinta
Cuadrado blanco sobre fondo blanco
y al acercarse al lienzo ve su sombra
transfigurando el absoluto.

Del mismo modo tú y yo.
Alguien dice la sombra, amanece.

Rafael de Cózar - Cala Medialuna

Me alegro de verte de nuevo
y quiero preguntarte si pasaste buena noche,
si hace viento o el sol es suficiente
para hacerlo revivir hasta las sombras.
Quiero pedirte estar así en silencio,
que hablemos de muchas otras cosas
reiniciando los círculos horarios del ayer
también aquí en esta misma playa
apoyado en la extrema dureza de la roca
donde el mar escupe caracolas de espuma
estrelladas contra el lienzo de las nubes,
que estemos así juntos, tal vez solos…
contarte de mi vida y tú la tuya
y que juguemos a ser algas luminosas
bajo el estruendo salino de las olas…

Juana Castro - La gloria digital

Sacó tranquilamente     uno a uno
todos los cedés
y los dispuso en línea
escamas de algún pez
arcaica ondulación
de la blanca serpiente por la casa.

Cuando suenan los golpes un temblor
de naipes que se caen      un reguero
de plata      la aleación
de cromo y aluminio     cenizas
gusano que salpica
los cuadros      los sofás      la hora
del espejo.

Toma abuelo     aquí está
tu memoria.
Y le puso al abuelo
un jarrón color acre
-rebosante de gloria-
en las rodillas lacias.

Y la silla de ruedas      enajenada      loca
daba vueltas      más vueltas
como en una espiral
crujiente de vinilo.

Morir.
Ya te puedes morir.
Y el jarrón funerario
-rebosante de gloria-
más cruel      más cruel
sonreía...

Guillermo de Jorge






sabéis:

roca soy

hundiendo raíces,
mano de la memoria,

palpo,

retrato de un edificio en llamas.


tal vez, hoy,
dibuje un suicidio
con un beso

y destruir así
antiguos bastiones,
absortos misterios,

una infancia jamás vivida;


en tus labios dejo
parte de esa vida:

ojos de exilio,

un dedo interrogante
sobre la sien de un mendigo.

Paco Luis - Lao Tse





Seguramente Lao Tse
alguna vez fue joven
y se embriagó
e hizo el gallo
para adular a una chica.
Seguramente a Lao Tse
se le escapó algún cuesco
o tropezó en lo más llano
o se le fue el hilo.
Porque gracias a esas grietas,
él también pudo ser sabio
y comprendió lo hermoso
del balbuceo imberbe...

Miriam Buil - Archivo

Acostumbraba a rastrear

un universo aún pequeño

en busca de pistas de tu existencia,

y a verter celosamente lo encontrado

de soporte en extinción

a soporte de vanguardia.



Desempolvo hoy viejas carpetas

trasplantadas cada dos años

desde hace ocho vidas,

y encuentro el amarillo

y la carcoma

en tu rostro de dios de mármol.

 
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